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El diagrama sistémico (una historial real)

Viernes, agosto 12th, 2011 by

Se convocó un concurso para contratar los servicios de una empresa que pusiera las bases de una nueva organización de la Institución Pública en la que yo trabajaba. La empresa adjudicataria desembarcó a sus técnicos especialistas en organización, se entrevistaron con los responsables de los distintos Órganos Administrativos, recabaron información de todo tipo y se marcharon a elaborar una nueva organización más eficaz y moderna que diera satisfacción a las necesidades del organismo.

El trabajo objeto del contrato se dividió en dos partes, siendo la primera de ellas la elaboración de una propuesta de organización, y la segunda sería una valoración de puestos de trabajo.

Por fin llegó el día en el que nos descubrirían nuestro nuevo modelo organizativo. Para ello, por parte del organismo nos reunimos en el amplio despacho de dirección el Gerente de la Institución, el Presidente, el Secretario, el Tesorero, el Interventor, el Coordinador general, el Jefe del Servicio de personal y un servidor, que en aquella época ocupaba el cargo de Jefe del Servicio de Informática. Y por parte de la empresa especializada vino un alto cargo de la misma acompañado de un técnico experto en materia de organización.

Repartieron a los asistentes pliegos de papel en formato A3 en los que aparecían dibujados símbolos y también líneas que los unían, de esta forma ilustraban gráficamente la nueva y flamante organización. En la parte superior de los legajos aparecía el ampuloso título de “diagrama sistémico”.

El alto cargo de la empresa tomó la palabra y durante más de media hora expuso las grandes ventajas de la organización propuesta. En su charla se denotaba cierta experiencia militar ya que al referirse a los empleados utilizaba la palabra “tropa”, para referirse a la dirección hablaba de “generales”, y por el tono de su voz parecía más bien una arenga que una presentación empresarial.

Tras su exposición se abrió el debate. Mis compañeros directivos peguntaban sus dudas y el alto cargo de la empresa las aclaraba. Mientras, yo observaba y permanecía en silencio. Al cabo de otra media hora el Presidente se dirigió a mí y me dijo en tono paternalista:

—José Manuel, llevas toda la tarde en silencio, ¿no tienes ninguna pregunta que hacer?—.

—Sí tengo algunas dudas— contesté yo, —pero es que me da mucha vergüenza—.

—No te dé vergüenza hombre, y pregunta cualquier duda que tengas— me dijo el presidente sin saber que la vergüenza a la que yo me refería no era por mi ignorancia, sino por las actitudes que venía observando en los reunidos.

Entonces tomé la palabra y dirigiéndome al alto directivo le dije.

—Verá usted, mi duda está en el organigrama en papel que usted nos ha entregado, y es que no lo entiendo muy bien—.

—¿Qué es lo que no entiendes?—.

—Es que no sé qué diferencia hay entre los recuadros, los círculos y las elipses que se esparcen por todo el papel. No sé que simboliza cada cosa—, pregunté con forzada humildad.

Todos los asistentes me dirigieron la mirada incrédulos ante la gilipollez que yo estaba preguntando.

—Tampoco comprendo —continué diciendo— por qué hay símbolos de color negro, mientras que otros son azules, verdes y rojos. No entiendo lo que quiere decir cada color—.

Seguían mirándome con extrañeza pero ninguno me interrumpió, así que yo continué.

—Y hablando de las líneas que unen esos símbolos, quisiera saber por qué algunas son gruesas y otras finas que a la vez pueden ser continuas o discontinuas. Y por supuesto tampoco sé lo que se expresa con los distintos colores de las mismas.— Hice una breve pausa y continué. —Supongo que unas líneas representarán dependencia funcional, otras orgánica, otras indicarán jerarquía, otras expresarán el flujo de la información, etc.… pero no sé distinguirlas—.

Los asistentes seguían perplejos, y nadie respondía a las dudas que estaba planteando, así que de nuevo tomé la palabra. Me dirigí a todos los asistentes y sin pelos en la lengua les dije:

—Me da la impresión de que llevamos más de una hora hablando enfáticamente de algo que ninguno de los presentes entendemos, creo que ni siquiera sus creadores saben exactamente lo que han hecho— dije con pasmosa tranquilidad. —Pero cada uno de nosotros, yo incluido, hemos mirado en el descomunal “diagrama sistémico” buscando dónde se ha ubicado el Órgano Administrativo que dirigimos ya que intuitivamente sabemos que mientras más alto se encuentre dentro del gráfico, más importancia tendrá nuestro departamento y por ende nosotros mismos, y quizá también la valoración económica que se haga de nuestro puesto.—

Unos sonrieron, otros enrojecieron y alguno simplemente enmudeció.

Entonces, el alto cargo de la empresa tomo la palabra y le dijo a su compañero, el experto en organización, que nos explicara el significado de la simbología utilizada. Éste enrojeció en cuestión de pocos segundos hasta coger un tono rojo-tomatero que jamás antes había visto en la piel de una persona, de hecho temí ser el causante de que a ese señor le diera un infarto. Sin poder esquivar la pregunta el hombre respondió de forma entrecortada.

—Es que se me acabó la tinta de la impresora—. Fue su respuesta sin pies ni cabeza.

La reunión se dio por concluida, la nueva organización nunca se puso en práctica y la segunda parte del trabajo contratado jamás se abordó.

Y lo peor de toda esta historia es que es real como la vida misma.

¿Qué tiene esto que ver con los casos de éxito? A mi me parece evidente, pero mejor lo debatimos. Se aceptan comentarios.

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