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Un absurdo caso de éxito

Miércoles, junio 1st, 2011 by

Hace ya algunos años me propuse un reto: ganar un pequeño concurso periodístico local sobre las TIC para poner en evidencia al tribunal que de técnico no tenía nada. Así que el reto que me propuse no fue simplemente ganar el premio con un artículo de opinión, sino hacerlo con un artículo sin pies ni cabeza.

Seguidamente os transcribo el ilógico texto que envié y que ganó el premio. Un auténtico caso de éxito del absurdo que ya se intuye desde el propio título.

Las Intranets corporativas y el TAO: una visión sinérgica, holística, ecológica, confucionista, entrópica y distópica.

Pese a su serendípico origen, fundamentado en Internet, las Intranets se han revelado como agentes sinérgicos de primera magnitud para las organizaciones. Ninguna empresa que se precie puede, en la actualidad, prescindir de su red corporativa o corre el riesgo de quedar descolgado de las grandes ventajas que proporciona las tecnologías de la información y las telecomunicaciones. Son muchos los méritos de tamaña invención, ofreciendo funcionalidades que van desde la provisión de la lógica de negocios y el intercambio de información en tiempo real, hasta servir de repositorio documental.

Una de las principales ventajas de las Intranets es que proporcionan una visión holística de las organizaciones, porque integran aspectos corporativos, laborales, profesionales, culturales y organizativos que, sin ella, probablemente pasarían desapercibidos. Relacionando estos aspectos se obtienen conclusiones desde diferentes perspectivas que permiten gozar de un mejor conocimiento de causa en la toma de decisiones estratégicas por los directivos. Es incuestionable que una Intranet bien construida, mantenida y utilizada puede evidenciar nuevas áreas de negocios así como la forma eficaz de introducir progreso en la organización.

En relación con el repositorio documental, cabe destacar otra mejora importante, aunque frecuentemente olvidada, que es la puesta a salvo de la documentación del ataque de lepismas malintencionados y otros depredadores ávidos de celulosa, ya que su digitalización la convierte en insustancial y por tanto en incomestible. Esta es una ventaja más de la conversión de átomos en bits, es decir, de la transducción de materia a información, como ya anticipó Nicholas Negroponte en “Mundo digital” —conceptúese mi afirmación a manera de corolario al planteamiento del citado científico de la computación (y cítese en el futuro como “Corolario de Prolongo sobre la afirmación de Negroponte”)—. Aunque esta ventaja pueda ser cuestionada por sesudos ecologistas que vaticinen el final de la prehistórica especie que compartió existencia con los grandes depredadores sobreviviéndoles, y cuya forma de reproducción es, aun hoy, una gran desconocida. Y si llegaran a desaparecer, a saber qué puede pasar con la sensible cadena trófica. Mientras esto ocurre, es de esperar que pseudocientíficos catastrofistas anuncien como consecuencia el fin del mundo, como ya hacen con el manido cambio climático —cuando es de esperar que el efecto invernadero y la lluvia ácida, que son fenómenos antagónicos, de producirse, anularán sus desastrosos efectos el uno al otro—. De todas formas, para evitar males mayores, confiemos en una alternativa gastronómica para los pequeños y escuálidos —y a la vez voraces— lepismas domésticos ante la amenaza a su ecosistema.

Pero volviendo a la Intranet, es innegable su capacidad casi sin límites de fagocitación de datos, que aumenta constante e ilimitadamente las conexiones entre las mismas cual sinapsis nerviosa, ofreciendo infinitas puertas a las posibilidades del negocio. Ante tantas perspectivas es, pues, necesario discernir con sagacidad lo importante de lo superfluo, porque, paradójicamente, el exceso de información puede convertirse en un serio inconveniente. No hace mucho tiempo la elaboración de un trabajo de investigación y/o documentación requería un gran esfuerzo de búsqueda de información válida, pero actualmente y debido a Internet y a sus motores de búsqueda, dedicamos más tiempo a descartar información inválida de entre el maremagno de datos superfluos y fútiles que tenemos a nuestro alcance y que procuran un indeseable alto grado de entropía. Es este un asunto circunspecto y nada trivial, porque una decisión desafortunada puede dar al traste con un proyecto vital.

Una Intranet no es sólo un lugar virtual donde encontrar documentos y programas, sino que su uso inteligente trasciende de ser un medio hacia una auténtica filosofía de empresa en la que confluyen el trabajo en equipo, la cooperación mutua, la mayor implicación del trabajador en los objetivos empresariales y un aumento de la influencia constructiva del trabajador en el funcionamiento de la organización. Cuando los trabajadores participan en el proceso de toma de decisiones, sienten más confianza y la seguridad de que protegen sus intereses. Está demostrado que la cooperación fomenta la lealtad de los trabajadores. Esto conforma una nueva cultura de empresa basada en el uso efectivo de las Nuevas Tecnologías. Se trata, quizá, de un ejemplo real de cómo la informática y las telecomunicaciones nos acercan a la doctrina confucionista, que ve al hombre realizado como ser social que ocupa un puesto y desempeña una función, y no como un ser aislado.

Las Intranets proporcionan también medios de control que, mal utilizados, pueden convertirse en instrumentos de contención de dudosa honestidad. A través de las redes corporativas basadas en la familia de protocolos TCP/IP, las organizaciones pueden conocer los datos personales de los usuarios y sus interrelaciones; vigilar sus actividades y acciones laborales; comprobar las decisiones que toman y cuándo las toman; investigar su trabajo, conocer el uso de los recursos, averiguar sus movimientos, censurar sus decisiones… y decidir por ellos. Todo ello sin el conocimiento del trabajador. Y con la información recabada podrán conocer sus tendencias, ideologías y reflexiones… y quizá en el futuro sus pensamientos. En definitiva, la amenazante materialización de un terrorífica sociedad orwelliana controlada por un “Gran Hermano” pero disfrazada de “Mundo feliz” huxleyniano. Todo ello eufemísticamente disimulado con la etiqueta de “Gestión de los Recursos Humanos“, ingenioso doble retruécano, ya que “Recursos Humanos” es a su vez una expresión perifrástica para designar al conjunto de personas que trabajan en una organización, es decir, al “personal”. Lo que en principio parece una mera disquisición semántica esconde el importante poder de las palabras. Los lexemas influyen enormemente en la conducta, así las personas como recursos quedan reducidas a simples elementos disponibles para resolver necesidades (RAE), como también lo son los recursos técnicos, naturales, económicos, animales… e invita a equiparar al hombre con la máquina y a tratar a ambos de forma análoga. Olvidando que, en realidad, es al contrario: que son las empresas las que deben ser consideradas como recursos para el hombre, ya que son ellas las que facilitan los medios para satisfacer sus necesidades. Y en el centro de esta aberración se encuentra la Intranet proporcionándole soporte y viabilidad.

No es pues baladí insistir en la correcta construcción de la Intranet —lo que comprende la aplicación correcta de criterios taxonómicos adecuados— y en el buen uso de la misma. Y me refiero al uso correcto por ambas partes: por un lado los usuarios y administradores porque el manejo inadecuado nos llevará directamente al desorden, la confusión, a la funesta entropía y al final, al caos. Aunque peor pueden ser las consecuencias del uso indebido por parte de la organización, con apocalípticas distopías como resultado fatal. Y es que hacer las cosas bien no es complicado, más bien al contrario, porque en la tecnología es fácilmente aplicable, incluso recomendable, la Navaja de Ockham, también llamada “principio de la parsimonia” (Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem), que en su aplicación a la informática da lugar al principio Kiss (Keep It Simple, Stupid), cuya idea es el desarrollo empleando partes sencillas y con errores de fácil detección y corrección, rechazando lo enrevesado e innecesario.

Porque no es necesario complicar lo sencillo, no embrollemos la Intranet. No es necesario repetir documentos, ni establecer múltiples enlaces que van a parar reiterada y recursivamente al mismo sitio, ni recomendables dejar enlaces vacíos… Si la complicamos, los usuarios irán abandonando la Intranet, y el software se pudre si no se usa. No abusemos del barroquismo informático que consume recursos y enlentecen los procesos sin a cambio aportar información. Establezcamos pocas reglas fáciles de comprender y de poner en práctica, pero eso sí: apliquémoslas metódicamente y sin excepción. Y sobre todo vigilemos que se cumplen, para ello pueden establecerse criterios de aceptación y de ubicación a todos los contenidos, porque como dice un conocido aforismo informático, garbage in, garbage out. Pero el hombre se caracteriza por sus defectos, eso puede significar transmitirle sus vicios y carencias a la Intranet. Por eso estas deben ser sencillas en su uso y seguir la “Ley del menor asombro”, es decir, debe responder al usuario de manera que lo asombre lo menos posible. Una Intranet, no importa cuan compleja sea en su interior, debe actuar como una sola unidad, debe ser dirigido por la lógica interna y no por las apariencias externas. Si la Intranet falla en estos requerimientos, estará en un estado de desorden y confusión. La única forma de corregir esto será construir de nuevo la Intranet (adaptado del TAO del programador).

Utilizar el Principio de Pareto, o Regla del 80/20, puede ser un buen criterio de partida para construir una Intranet coherente. Su aplicación puede tener diversos enfoques, todos válidos y compatibles: orientado a los usuarios finales (quizá el más adecuado), al tipo de información que se publica y mantiene, a las aplicaciones informáticas que ofrece, a las utilidades y herramientas que comprende… En cualquiera de los casos, una construcción racional allanará el camino hacia el éxito.

Una elaboración razonada e inteligente sí, pero sin obviar la perspicacia y el instinto. Gödel demostró con su teorema que no es posible asentar sobre una base axiomática todas las ramas del pensamiento y justifica el papel de la intuición en el trabajo creativo. Demuestra que el intelecto humano no se puede formalizar, que la inventiva no tiene límites y que muchas relaciones novedosas parecen ilógicas y fortuitas —o serendípicas, como decíamos al principio de este alocado texto—. Por tanto aprovechémonos del azar, canalicémoslo mediante la heurística y potenciemos la generación de nuevas ideas en el proceso de innovación tecnológica. El ser humano ha conseguido encontrar lógica incluso en el caos, ¿cómo hubiera sido posible esta entelequia sin la intervención de una buena dosis de fantasía?  No a la estulticia, sí a la imaginación.

Las Intranets son productos de la tecnología, están construidas siguiendo estrictas normas técnicas y rotundos métodos científicos—una auténtica labor ingenieril—, pero su uso no tiene por qué estar sometido por la epistemología, es más, ni siquiera debe depender de procesos cognitivos. En las Intranets caben razonamientos heterogéneos y lógicas de cualquier orden, engloban todo tipo de usos y de modas, de aplicaciones y de afanes, de teorías y de cábalas… No hay más límites que los impuestos por la sensatez y la prudencia. Las Intranets están muy por encima de las lógicas proposicionales y de predicados, destacan especialmente en su aplicación a las existenciales, y quizá en poco tiempo engloben la doxástica, permitiendo trabajar incluso con cuestiones teológicas y místicas. Las Intranets están en constante evolución y siguen la teoría darwinista porque no son más que un reflejo de la realidad humana, y, como suele ocurrir, la ontogénesis reproduce la filogénesis. Y mientras sigue su imparable progreso, la teorética no debe encontrar cortapisas en las Intranets.

Su variable contenido, que puede ir desde el eclecticismo más rígido hasta la frivolidad más fútil, hace de las Intranets terreno abonado para la digresión. Cuestionas filosóficas, técnicas, personales, políticas… pueden ser objeto de exposición y comentario. Eso sí, siempre relacionadas con el ámbito laboral y con las reglas del negocio. Esta libertad en el uso de las Intranets debe dominar. Que no conviertan la Intranet en un medio sectario dominado por dogmas fanáticos, y que tampoco se rinda al autoritarismo técnico controlado por unos pocos pseudocientíficos de discutibles conocimientos. Intranet, al igual que su precursor, son libres.

Pero yendo a su origen es justo reconocer que su alumbramiento suele ser dificultoso y puede requerir ayudas drásticas cual corte perineal en el momento de la eclosión. Las Intranets están sometidas a problemas, complicaciones y dilemas. Su resultado final es una incógnita. Incluso su inmediato mañana es un misterio. Su régimen permanente no es más que una prolongación del período transitorio de creación, y es lógico porque depende de las veleidades de sus actores, pero es que así es como debe ser, porque de otro modo su fin estaría cerca, probablemente por indolencia. Son muchos sus inconvenientes, pero que nadie rechace la Intranet argumentando desconocimientos técnicos, eso sólo demostrará ineptitud o, lo que es peor, desinterés y apatía.

Una Intranet es un sistema realimentado que, cual servomecanismo, está gobernado por un sistema de control. Sus salidas dependen de sus entradas y la respuesta es inmediata porque la sensibilidad del control es extrema, de hecho, su ciclo de histéresis en tan estrecho que casi podría considerarse una línea. Un auténtico sistema en tiempo real.

Si has sido capaz de leerlo todo siento haberte hecho perder el tiempo.

4 Responses to “Un absurdo caso de éxito”

  1. Profile photo of Kleof Kleof dice:

    jajajajajajajajajajajajajá – Estoy sin palabras ;-)
    No sé si me gusta más: “cítese en el futuro como Corolario de Prolongo”, o “el principio de la parsimonia”. Y, ¿estás seguro que el concurso no era humorístico?.

    Bromas y palabros aparte, lo que pasa es que, entre unas cosas y otras, sí introduces verdades como templos. Por ejemplo, yo siempre he creído en “la Ley del Menor Asombro” para el tipo de aplicaciones con las que trabajo (internas / de gestión), lo cual choca bastante con este mundo en el que nos movemos en Internet. Tú estás describiendo la Intranet como lo que debería ser, un elemento basado en la “utilidad”.

    En fin, que no tengo intención de analizar tu texto, que ya me he reído bastante, y, como te he puesto por ahí en otro hilo, me encantan tanto el propósito que te llevó a escribir el artículo, como el resultado obtenido. Un abrazo.

    • Profile photo of José manuel José manuel dice:

      Lo del corolario de Prolongo es, evidentemente, una estupidez mía, pero lo del principio de la parsimonia no es mñas que otro nombre que recibe la Navaja de Ockham.
      A veces, y de forma impulsiva, me salen textos sin ninguna lógica pero que dan el pego. Mañana os voy a transcribir uno que me sorprendió su gran aceptación, su aparición en menéame y la posición a la que llegó en este sitio en el que se votan las publicaciones.

  2. Profile photo of José manuel José manuel dice:

    Otras veces,un amigo me pone retos, pidiéndome que escriba artículos mezclando los asuntos más dispares.

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